martes, 16 de octubre de 2012



El número 22 no me gusta demasiado. Me parece anodino. Igual que la rutina. Esa obligación de celebrar el día de tu nacimiento es algo absurda. Más cuando celebrar la vida contrasta con los que aplauden la muerte. Con los que esperan sentados a que la oscuridad se cierna sobre ellos - con la ilusión de que la nada se adueñe de su mente. Pero el ser humano tiene es estúpido afán instintivo por vivir, o, más bien, por sobrevivir. No dejamos de ser animales. Hasta ahí llega mi reflexión. Poco después me sorprendo pensando un 16 de octubre en cómo la muerte de alguien facilitaría ciertas cosas. Y me siento mala persona. Esa sensación se evapora momentáneamente cuando hablo con ellos a través de una pantalla mínima, que no me deja tocarlos, pero que me transporta en el espacio a pesar de la distancia. Las voces de entrecortan, los gestos se pixelan. Jugamos a hacer mímica. Y río y ríen. Y pienso que también podría sentirme así un 17 de octubre. Entonces recuerdo porqué yo también me esfuerzo por sobrevivir.

Cumplir años está sobrevalorado.

No hay comentarios:

Publicar un comentario